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Bicentenario de Carlos Manuel de Céspedes

Casa Natal Carlos Manuel de Céspedes: Casa de la Patria
Antonia Buitrago Fernández
Fotos Domingo Cuza Pedrera

La perseverancia, la experiencia y la esperanza han acompañado el desempeño de la vivienda donde nació el 18 de abril de 1819 el Padre de la Patria. Reconocida como Museo Casa Natal Carlos Manuel de Céspedes, inaugurado el 30 de septiembre de 1968, sus particularidades la hacen un inmueble atractivo por su discurso histórico y valores estéticos. Declarado Monumento Nacional, atesora una notable amplitud y variedad de bienes patrimoniales que facilitan el vínculo directo con el público. Esta señorial casa concierta las disímiles dimensiones del patrimonio desde lo tangible e intangible, lo cultural y natural, favorecida por ser cuna de un hombre virtuoso, ilustrado y valiente poco conocido por los cubanos. Rebasados dos siglos de su nacimiento, debemos corresponder a la convocatoria de leer su documentación singular en enseñanzas cívicas y éticas para todos los tiempos, pues los actuales no serán más difíciles que los vividos por este jurista transgresor de su época que mantuvo fe absoluta en su pueblo y en la revolución triunfante e inmortal, como advirtió. Acercarnos a su pensamiento es sentir que el Padre nos acompaña mientras juntos vamos haciendo el camino, deudores de su legado y ejemplo.

 

Céspedes a caballo
Diana Iglesias Aguilar / Foto Domingo Cuza

«Me he educado sobre el caballo, a la manera de los tártaros». Así dijo Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, prócer de la independencia de Cuba, acerca de su relación con estos cuadrúpedos traídos de Europa durante la conquista española a los territorios de ultramar.
Dos años había cumplido Carlos Manuel cuando la familia Céspedes se trasladó a la finca Santa Rosa, en las montañas que pertenecen hoy al municipio de Buey Arriba, donde había tradición de crianza y monta de caballos. En este lugar el pequeño Carlitos aprendió a montar caballos, lo que le sirvió para toda la vida, sobre todo en la guerra por la independencia que él mismo inició el 10 de Octubre de 1868 en su finca Demajagua.

El pilar de la existencia
Diana Iglesias Aguilar
Obra: Su alma está en nosotros, Amaury Palacio Puebla
Carlos Manuel de Céspedes tuvo en Perucho Figueredo —autor del Himno de Bayamo, devenido Himno Nacional de la República de Cuba— a un hermano noble y fiel. Nacieron muy cerca en el tiempo, apenas catorce meses de diferencia. Fueron a las mismas escuelas: la de doña Isabelica, la de don Mariano, y luego a los conventos de Santo Domingo y San Francisco.
Pedro Felipe Figueredo Cisneros era delgado y más alto que Céspedes, usaba lentes desde niño y era diestro como jinete. Compartieron el aprendizaje del latín, el inglés y el francés, así como el gusto por la literatura, la música y el teatro.

La bayamesa
Mario Cobas Sanz / Obra de la colección Bayamesas, Alexis Pantoja
Con texto de José Fornaris, música de Carlos Manuel de Céspedes y Francisco del Castillo Moreno, e interpretada por primera vez el 27 de marzo de 1851 por el tenor Carlos Pérez Tamayo, acompañado por los tres amigos en memorable serenata, La bayamesa es considerada la primera canción romántica cubana. Escrita para una mujer, Luz Vázquez y Moreno, tiene un sentido amoroso en su esencia y una factura musical depurada. La versión original dice: «¿No te acuerdas, gentil bayamesa, / Que tú fuiste mi sol refulgente, / Y risueño en tu lánguida frente / Blando beso imprimí con ardor? // ¿No recuerdas que un tiempo dichoso / Me extasié con tu pura belleza, / Y en tu seno doblé la cabeza / Moribundo de dicha y amor? // Ven, y asoma a tu reja sonriendo; / Ven, y escucha amorosa mi canto; / Ven, no duermas, acude a mi llanto; / Pon alivio a mi negro dolor. // Recordando las glorias pasadas / Disipemos, mi bien, la tristeza; / Y doblemos los dos la cabeza / Moribundos de dicha y amor».
En el año 1866 Céspedes escribió una versión de La bayamesa que es conocida por La Cambula, sobrenombre de Candelaria Acosta Fontaine, mujer que en octubre de 1868 entraría en la historia al confeccionar la bandera del levantamiento en el ingenio Demajagua. Los versos, que ensalzan la belleza de esta dama y el amor que hacia ella sentía su enamorado, se publicaron en el periódico La Regeneración, de Bayamo, el 12 de octubre de 1866, firmados por Gumersindo, seudónimo detrás del cual estaba Carlos Manuel de Céspedes, en aquellos años en amores con Cambula: «Yo te adoro, preciosa trigueña, / son tus ojos de luz refulgente / y estasiado contemplo en tu frente / retratados la paz y el candor. // Tú no sabes, divina criatura, / lo que pena mi pecho por ti; / sólo anhelo, Cambula, ese sí / que me llena de vida y amor. // A tus plantas rendido me encanta / tu sonrisa, mujer seductora, / como un ángel que plácido adora / de su Dios la infinita bondad. // Así yo, linda virgen cubana, / por tu amor solamente deliro / y tu cuello de cisne yo admiro / y adorándote imploro piedad».
Después del estallido insurreccional del 10 de Octubre de 1868, esos versos cobraron auge entre los cubanos separatistas.

Céspedes, padre del ajedrez en Cuba
Gonzalo Giraldo García Camejo
Carlos Manuel de Céspedes es considerado Padre del Ajedrez en Cuba. Además de haber sido un apasionado practicante, hizo un gran aporte al conocimiento del juego ciencia en nuestro país al realizar estudios y traducir del francés al español la obra Las leyes del ajedrez, del célebre ajedrecista Luis Charles Mahé de Labourdonnais, y publicarlas en varias ediciones del periódico El Redactor, de Santiago de Cuba, desde el 4 de octubre de 1855. A partir de la década de los ochenta del siglo xx se realiza cada año en la ciudad de Bayamo el Torneo Carlos Manuel de Céspedes, en el que han participado destacados ajedrecistas de Europa y América.
A partir del año 2012 el Torneo Internacional Carlos Manuel de Céspedes tomó un nuevo formato y en él se insertó el Torneo de Ajedrez Infantil Papalote, con el patrocinio del Centro Cultural Ventana Sur, el cual ha tenido gran impacto en la formación y desarrollo de los niños en el noble juego.

La Sociedad Filarmónica
Mario Cobas Sanz
Obra El sonido de los irreverentes, Amaury Palacio Puebla
En Bayamo se inauguró la Sociedad Filarmónica en el año 1840, siguiendo el modelo de las creadas en La Habana, Matanzas y Santiago de Cuba. Estaba ubicada en uno de los extremos de la que hoy se conoce como Plaza de la Revolución.
Carlos Manuel de Céspedes, después de diplomarse en la Universidad de Barcelona y hacer un periplo por Europa, regresó a Bayamo en el año 1844 y encontró espacio en la Sociedad Filarmónica, donde se insertó de manera activa en la vida cultural de la ciudad, de modo particular a través de la poesía, la música, el teatro, la pedagogía, el ajedrez y la política.
Con miras a renovar el destino de la Sociedad Filarmónica, el 24 de febrero de 1851 se eligió una nueva directiva, que habría de regir el año corriente, la cual nombró como director a Pedro Figueredo Cisneros y para secretario a Carlos Manuel de Céspedes. A partir de entonces Bayamo comenzó a experimentar un florecimiento que se gestó en torno a la Sociedad Filarmónica. Esta institución se convirtió en el alma de la cultura bayamesa y en un importante centro de promoción de la ciencia, el arte y los valores ciudadanos, determinantes en la consolidación de una conciencia patriótica.
Desde la Sociedad Filarmónica, Carlos Manuel de Céspedes criticó el despotismo y enfrentó la prepotencia de los gobernantes españoles, entre ellos al teniente gobernador de Bayamo, Toribio Gómez Rojo. En un banquete que tuvo lugar el 12 de febrero de 1852 en la Filarmónica en presencia del mencionado militar, este, después de haber bebido algunas copas, invitó a José Fornaris, Lucas del Castillo y Carlos Manuel de Céspedes a improvisar versos. Las estrofas de Céspedes resultaron explosivas y llenas de ardor patriótico: «Valen mucho los cubanos / en aquesta hermosa Antilla, / y aunque se oponga Castilla, / ellos serán soberanos».

El Teatro Manzanillo
Mario Cobas Sanz / Foto Edgardo Hinginio
El 8 de agosto de 1852, más de medio centenar de manzanilleros se reunieron en los salones de la Sociedad Filarmónica con el propósito de propiciar el proyecto del Teatro Manzanillo. En octubre del mismo año se designó para emplazamiento del coliseo los terrenos que fueron comprados a don Juan Mendieta y don Jaime Martí, ubicados en la confluencia de las calles Santa Ana y Salas, hoy Villuendas y Maceo.
De importancia relevante fue el vínculo del padre fundador de la nación cubana, Carlos Manuel de Céspedes, con el Teatro Manzanillo, en el cual fue director de escena, guionista y actor. En la función de estreno el 14 de septiembre de 1856 se llevó a las tablas la obra El arte de hacer fortuna, transcrita por él, en la cual actuó en el papel de don Facundo Torrente. La comedia en cuatro actos corresponde a la autoría del español don Tomás Rodríguez y Díaz Rubí (1817-1890).
Céspedes tuvo un palco permanente en el Teatro Manzanillo durante mucho tiempo.

 

La obra Céspedes en campaña con espada ceremonial (óleo sobre lienzo, 218 cm x 135 cm), situada en la Casa de la Nacionalidad Cubana en Bayamo, fue creada en el año 2009, encargo del Historiador de la Ciudad de Bayamo, Ludín Fonseca García, para ambientar de forma permanente la sala principal de ese inmueble, que perteneció al general de brigada Esteban Tamayo y Tamayo. Este y otros retratos que conforman la colección muestran a algunos de los principales patricios bayameses que iniciaron la conspiración contra el gobierno colonial español en 1868: Pedro (Perucho) Figueredo, Francisco Vicente Aguilera, Candelaria Figueredo, Rosa Castellanos Castellanos (Rosa la Bayamesa), Esteban Tamayo y Francisco Maceo Osorio.

 

Otro Céspedes en campaña que lleva como título Tú eres… «el fundador de un linaje en el espíritu…» (óleo sobre lienzo, 103 cm x 61 cm) preside la exposición Génesis y mitos, inaugurada el 9 de noviembre de 2018 en el Palacio del Marqués de Arcos, en la Plaza de la Catedral de La Habana, por el doctor Eusebio Leal Spengler. Con un fondo de la vegetación esplendorosa de la manigua cubana, Céspedes exhibe los grados de mayor general y porta un sombrero con escarapela de bandera cubana que luego llevaría José Martí en campaña, similar a la que llegara a Bayamo perteneciente al Padre de la Patria, gracias a donaciones familiares, y que atesora el Museo Casa Natal de Carlos Manuel de Céspedes.

 

Céspedes: motivos para el pincel
Diana Iglesias Aguilar
Obras Amaury Palacio Puebla

Carlos Manuel de Céspedes es fuente de inspiración para artistas de la plástica y de la literatura. Encuentran en su varonil figura y sus férreos principios la motivación para empuñar el cincel, articular los pinceles o hilvanar versos.
De manera especial el artista de la plástica Amaury de Jesús Palacio Puebla (Manzanillo, 1976) tiene al Padre de la Patria como referente para su destacada obra pictórica.
Uno de los retratos más impresionantes de Céspedes fue concebido recientemente por Amaury Palacio Puebla y se encuentra en el Salón de Protocolo del sitio histórico Demajagua, reinaugurado el 10 de Octubre de 2018 a propósito del aniversario 150 del inicio de las guerras por la independencia de Cuba.
Realizado entre julio y agosto de 2018, fue un encargo de la Oficina de Patrimonio Cultural para ambientar el sitio. Es una suerte de variante del retrato que se exhibe en el Museo Casa Natal de Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, firmado por J. Devich, pintor radicado en Nueva York en la década de 1870, y a cuyos servicios acudió Ana de Quesada, última esposa de Céspedes, para perpetuar la imagen de su amado.

 

Demajagua
Delio G. Orozco González / Foto Domingo Cuza
Cuando el 10 de Octubre de 1868 Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo declara la independencia de Cuba en su ingenio Demajagua, aparece un parteaguas en la historia nacional de tales proporciones que resulta lícito parangonarlo con el año cero de Jerusalén, en tanto amanecía una era y comenzaba a fenecer otra. Tal gesto otorga a Céspedes el título de Padre de la Patria, paternidad dada no solo por el sacrificio impar de inmolar un hijo en la hoguera de la guerra, sino porque partea una nación.
La refulgencia libertaria del 10 de Octubre eclipsa otras aportaciones que hunden sus raíces en la esencia misma de lo cubano y legitiman el Altar de la Patria. Cuando Céspedes emancipa a sus esclavos está reconociendo de hecho el papel del negro en la conformación del etnos cubano y ahorrándole a la nación dolores y sufrimientos innecesarios.
Otro hito, refrendado por la praxis histórica, acompaña el gesto de la independencia de Cuba y está vinculado al modo de alcanzarla, pues al poner a los pies de la patria esclava fortuna, comodidades, fama, vida muelle, su existencia y la de sus seres queridos, el Padre nos confirma que no hay gloria sin dolor ni triunfo sin sacrificio.

Gobierno de Carlos Manuel de Céspedes
Miguel Antonio Muñoz López / Foto Carlos H Bruzón
El 20 de octubre de 1868 el teniente coronel Julián Udaeta, máximo representante del poder colonialista español en Bayamo, firmaba el acta de capitulación de la guarnición de la plaza, con lo cual esta vieja ciudad de la región oriental de la Isla se convertía en el primer centro político-económico de verdadera importancia que caía en manos de los patriotas insurrectos. El 28 de octubre se constituía formalmente el Ayuntamiento Libre de Bayamo, primero en la historia de la Isla.
Consecuente con los principios expresados en el Manifiesto del 10 de Octubre, Céspedes no introdujo alteraciones en el régimen del municipio, limitándose a sustituir los funcionarios del gobierno colonialista por personas adeptas a la Revolución. Las designaciones se efectuaron con el objetivo de mantener el orden y la seguridad ciudadana, ajustarse a los principios democráticos y hacer efectiva la declaración de igualdad contenida en el Manifiesto.
En heroicas jornadas, que se extendieron hasta enero de 1869, fue bendecida la bandera de Céspedes, se escuchó una versión coral del Himno de Bayamo, se editó El Cubano Libre, órgano informativo de la insurrección, y se adoptaron medidas de alcance popular y democrático, entre ellas la enseñanza gratuita y obligatoria, la apertura de escuelas de idiomas, de talleres de empleo para los pobladores, además de establecerse una guardia cívica para cuidar el orden de la ciudad. Durante ochenta y tres días el pueblo respiró una atmósfera de libertad, democracia e igualdad. La resonancia histórica de este gobierno alcanza hasta nuestros días, ya que Bayamo fue la primera (y única) ciudad cubana liberada y controlada por los insurrectos en toda la Guerra Grande.

Música y bandera liberadoras en las plazas de Bayamo
Idelmis Mari Aguilera / Fotos Domingo Cuza
La primera posición que domina Carlos Manuel de Céspedes durante las acciones combativas que culminaron con la liberación de la ciudad de Bayamo el 20 de octubre de 1868 fue la Plaza de Armas. En ella se localizaban la cárcel y la casa capitular. Fue este el escenario de la constitución del Gobierno Revolucionario de Bayamo, que convirtió a la ciudad en capital de la revolución.
Los decretos de abolición de la esclavitud, libertad de prensa y palabra, de instrucción popular y libre, impregnaron de aires renovadores el espacio de la Plaza y, tras el incendio revolucionario del 12 de enero de 1869. En este lugar, en una de las edificaciones en ruinas, un cartel anunciaba al general español Blas de Villate, conde de Valmaseda, la sustitución del nombre de Plaza de Isabel Segunda por el de Plaza de la Revolución.
El incendio devoró las edificaciones de la manzana donde se levantaba la Filarmónica. El espacio abierto hasta la calle Mercaderes dejó ubicado frente a la Plaza de la Revolución un inmueble para uso doméstico de dos niveles no alcanzado por las llamas, donde el 18 de abril de 1819 había nacido Carlos Manuel de Céspedes.
Tras el establecimiento del Gobierno Revolucionario de Bayamo, en el pórtico de la parroquial mayor, el 18 de noviembre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes presentó para su bendición y jura la bandera que había enarbolado en Demajagua al iniciar el movimiento independentista. Mientras, un coro de doce jóvenes, seis negras y seis blancas, ejecutaba la primera interpretación oficial de La bayamesa, el himno de Bayamo, música y bandera liberadoras que, desde el empedrado de la plaza de la iglesia con su centenario templo erguido, eran ya expresión simbólica del surgimiento de la cubanía.
En esta plaza, el 20 de octubre de 1868, el pueblo entonó por vez primera la letra de La bayamesa, cuya música para piano, compuesta el 14 de agosto de 1867 por Pedro Figueredo Cisneros, Perucho, se interpretó ese año como tema religioso en la parroquial mayor durante la festividad del Corpus Christi.

Compartir la mesa con el presidente
Domingo Cuza Pedrera / Foto Cotersía del autor
Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, nacido en cuna de oro, tuvo la posibilidad de disfrutar los platos más exquisitos de su época y no solo los de su entorno regional. El hecho de ir a estudiar a España y luego en el recorrido que hiciera una vez graduado por Francia, Turquía e Italia, lo enfrentó a lo mejor de la gastronomía del renacimiento europeo. Pero la grandeza de Céspedes lo lleva a disfrutar e incluso preferir alimentos sencillos que la naturaleza le proveía en la manigua mambisa durante la guerra de independencia. En tierras de Jiguaní, el presidente de la República en Armas ofrece al corresponsal del Herald un almuerzo de cortesía. Así lo describe James O'Kelly: «Los platos eran en su mayor parte de estaño pulido y escrupulosamente limpios, consistiendo el almuerzo en un poco de carne cocida, boniatos, harina de maíz, casabe y una especie de pasta hecha de maíz indio».  Las bebidas también eran escasas. «Agua pura fue nuestra única bebida y en lugar de café tuvimos que consolarnos con agua mona, esto es, agua caliente, endulzada con miel de abejas y un poco de jengibre. Pero la escasez no resultaba óbice para la elegancia y el buen servicio […] aunque el alimento era frugal en extremo, estaba servido con toda la formalidad que se hubiera buscado en la Casa Blanca». O'Kelly puede apreciar el hermoso gesto, la muestra de urbanidad y gentileza del agasajo: «[…] el acto revestía un carácter de grandeza moral que a mis ojos compensaba, con mucho, la ausencia de las pompas mundanales». Y es que Céspedes, hombre de gran cultura y virtud, que sacrificó sus comodidades y riqueza personales en aras del ideal independentista, comprendía una hermosa verdad: la buena mesa está en el cariño con que se brinda.

El brindis cespediano
Domingo Cuza Pedrera / Foto Carlos H Bruzón
El 4 de julio de 1852 Carlos Manuel de Céspedes, en una actividad realizada en la Sociedad Filarmónica, censuró los procedimientos violentos, sumarísimos, empleados por el gobierno español contra los hijos del país, ciego al progreso de los tiempos. En esa misma celebración alguien propuso hacer un brindis por días más brillantes y venturosos para los cubanos. Céspedes, animado por la idea de trasmitir un mensaje de denuncia, levantó la copa con energía y recitó la décima conocida como El brindis:
Para un cubano es mancilla/ o falta de inteligencia/ brindar por la independencia/ con vino de Manzanilla./ Manzanilla es de Castilla:/ Castilla es tierra de España,/ la que nos oprime y daña/ con infinita crueldad:- /¡Brindo por la libertad/ con aguardiente de caña!

San Lorenzo
Aldo Daniel Naranjo Tamayo
Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo llegó a la ranchería mambisa de San Lorenzo el 23 de enero de 1874, pocos meses después de haber sido depuesto del cargo de presidente por un pequeño grupo de representantes a la Cámara insurrecta.  Había acatado la medida, aun cuando la consideraba censurable por muchas razones. Entre las de más peso señalaba la violación de la Constitución de Guáimaro y el progreso con que se mantenía la lucha revolucionaria en todos los frentes de combate.
Durante el tiempo que estuvo en esta subprefectura, Céspedes desarrolló una activa vida social y se dedicó a alfabetizar en una escuelita cedida por las hermanas Juana y Esperanza Beatón Leyva.
El viernes 27 de febrero de 1874 irrumpió allí sorpresivamente el Cuarto Batallón Cazadores de San Quintín, bajo el mando del coronel José López López, con la misión de batir la ranchería y sus contornos.
Al conocer, a través de la niña Inés Suárez, de la presencia de soldados españoles en las cercanías, sacó su revólver y trató de escapar corriendo hacia el suroeste, en dirección a un barranco que daba al río Contramaestre.
Realizó dos disparos contra sus más cercanos contrarios sin conseguir dar en el blanco. Ese fue el momento que se le aproximó el sargento Felipe González Ferrer y le disparó con un fusil Remington. Herido de muerte, cayó por un barranco.
Los españoles, no satisfechos con haberle dado muerte, se ensañaron con su cadáver: lo despojaron de sus ropas y otras prendas, amarraron el cuerpo y lo izaron hasta la cima. Luego lo bajaron hasta la costa sur para ser trasladado a Santiago de Cuba.

Faro Vargas
Alberto Debs Cardellá / Foto Archivo Ventana Sur

En febrero de 1861, año en que concluyó la construcción de dicha obra, la familia Céspedes realizó una demanda para ser indemnizada por los materiales que se habían extraído de sus terrenos. Carlos Manuel, como abogado, inició un litigio legal para que se pagaran las piedras y maderas utilizadas.

Santa Ifigenia
Milena Rabaza Corría / Fotos Edgardo Hinginio
El cadáver del fundador de la nación cubana sufrió varios enterramientos. Primeramente fue colocado en la fosa común número 2 del cuartón G del cementerio Santa Ifigenia, el 2 de marzo de 1874. El segundo enterramiento se realizó la noche tempestuosa del 25 de marzo de 1879 cuando los hermanos Acosta Nariño logran introducirse tras las tapias del camposanto, acompañados de Luis Yero Buduen, Joaquín Navarro Villar y un esclavo que, según se ha dicho, resultó el primero en reconocer los auténticos restos de Céspedes. Allí permanecieron por más de treinta años hasta que en 1910 son trasladados a un solemne Mausoleo dentro del mismo cementerio.
Recientemente, por acuerdo de la dirección del país, el Padre de todos los cubanos nuevamente es movido de su sepulcro, y sus veneradas cenizas fueron llevadas del interior del cementerio hacia el pórtico de la instalación, donde descansarán eternamente al lado de los restos del Apóstol José Martí, el Comandante en Jefe Fidel Castro y Mariana Grajales, la madre de los Maceo.